¿Por qué callar si nací gritando?

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miércoles, 24 de octubre de 2012

Rojo sanguinolento


Entre el campanear de la misa de las nueve y el momento en que el humo de incienso que invadió por completo la iglesia del perpetuo Socorro, Jie Lee empezó a sangrar de la entrepierna, primero distraída, sin darse cuenta, sólo algunas gotas y luego alarmada, al sentirse incómodamente mojada y percatarse de que un color rojizo iba adueñándose de su vestido blanco. 

Estaba sentada en un extremo de una de las tantas bancas ocupadas por un gran número de fieles devotos y jugaba  distraída con la cruz del rosario heredado de su abuela materna hasta el momento en que el miedo la invadió por completo. 

Con desesperación apretó muy fuerte la palma de su mano derecha en su boca para evitar que se escucharan sus gritos quejumbrosos y  posó, casi temblando, la mano izquierda en la entrepierna como un intento de ocultar lo inocultable.

Jie lee, de piel clara había palidecido al extremo de que sus labios originalmente rosados se encontraban de un color asemejado al de los muerto. Se puso témpano, rígida como glacial pero la lava de su volcán seguía su curso imparable.

Fue viernes santo el día en que por primera vez pensó que a diferencia de todas las mujeres ella llevaba un infierno en su interior. 



viernes, 28 de septiembre de 2012

Piura es una loca que baila,
una loca quejosa
porque el sol cae sobre su cabeza.
Quejosa
porque el calor no es eterno
y el sol se oculta en días como este.

Piura es una loca sensible,
una madre desierta
que llora por un niño extranjero...
un niño ingrato.

Piura: mi gran bailarina
que danza descalza y borracha
por un poco de chifle
y varios potos de chicha.

Voluptuosidad

Quieta,
muy quieta
como la sombra de la roca en la que se solía sentar.
Sola,
muy sola
como la misma roca pero sin sombra.

"¿Qué queda por dar?"
preguntó justo cuando el atardecer expiró
y luego de esa, su interrogación,
suspiró: Detoya.
Casi resignada, casi rendida: Deltoya
Con pocas fuerzas
pero no sin ellas: Deltoya.

La mirada empecinada razonó
y en el vuelo imaginativo se extravió.
Perdidos una vez más y viceversa
nuestros muros  gritaron: ¡MÁS-TURBACIÓN, más!



Correlativo

Dos personas
compran tres libros
cerca del Cuarto Puente.

Tienen cinco horas para leerlos.

Han tomado seis cafés bien cargados,

pero ya es tarde: son las siete.

Se han quedado dormidos en la página ocho

y su examen es a las nueve y media

¿lograrán sacarse un diez para por fin aprobar el curso?

sábado, 15 de septiembre de 2012

A mis felinos lectores


Antes de llegar al óvalo Cuadrado, por la calle Sin Salida: Existe un edificio de quince pisos y catorce techos. Todas las personas que habitan ese edificio son hombres de diferentes edades. Todos, sin excepción, se llaman Carlos.

En las noches se origina una gran confusión dentro del edificio cuando Carla, una anciana de ochenta y tres años, pasa religiosamente por el lugar y grita ¡Carlos! 
La mayoría de los Carlos piensan que está loca o que disfruta creando tal alboroto.

En el último piso del edificio de  los hombres que llevan el mismo nombre, vive un anciano que sufre de insomnios y de alucinaciones, así que duerme poco y sueña mucho. Vive en compañía de un gato. Hoy le ha contado a su gato sobre una mujer llamada Carla a la cual amó, ama y jura con aires futuristas que seguirá amando. Hasta el día de hoy aquel anciano espera poder oír la voz de aquella mujer  pronunciando su nombre.
Como no podía ser de otra manera el anciano se llama Carlos, ha quedado sordo pero cree que no. El gato se llama igual que tú. Tú has sido convertido en gato y también creerás que no.  




  

sábado, 14 de abril de 2012

Epístola a mi cleptómana


Mi compañera y cómplice, ladrona por antonomasia, que robaste de mí más de un suspiro y que invisiblemente sigues robando, cual ladrón roba las monedas caritativas a un ciego mendigo. Qué será de nosotros, qué será, hoy que somos nada, hoy que las miradas se caen por el peso de la angustia y que por sapiencia sabemos que los besos y abrazos no sabrán ni se sentirán igual a la distancia.

Qué dirá la banca en la que nos solíamos sentar al ya no sentir nuestros cuerpos encima: el tuyo sobre del mío, el de los dos sobre la banca y así todo sobre el concreto, sobre la tierra y el universo.

Ya no habrá motivo de recorrer las cuadras que solíamos recorrer, ni soltarnos las manos al ver pasar a algún conocido que en realidad seguiremos desconociendo; Y mucho menos -por desgracia- volver a intercambiar la piel bajo la mesa, escondidos como prófugos, como si amarnos fuera ilícito, ilegal. Vaya que lo fue, sólo para el resto.

Ciertamente, pertenecemos con orgullo a esos amores clandestinos, siendo resistentes a nuestros alrededores que por infortunio intentaron, sin darse cuenta y sobre todo sin conseguirlo, desmembrar nuestros te quiero tejidos en versos bajo el matiz oscuro encerrado en nuestro inubicable rincón, sin más luz por la rendija que una tenue proyección de la luna llena que estoy seguro recordarás hasta tus últimos días, porque será esa misma luna la que volverá a salir una y tal vez, infinitas veces más para recordarte lo gratificante que es ser.

Sólo queda decir que después de todo, por fin logro entender y comparto tu esmero, cuando intentabas no desentonar al cantar cierta canción que ha terminado por resumir el motivo de nuestra imcertidumbre. Ahora la verdad es que también, yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo.

Pd: Espero quizá, volverte a encontrar, no importa si en las 6 vidas siguientes.

lunes, 9 de abril de 2012

Franqueza

No esperes de mi voz un poema de amor, a ti no te quiero mentir, no creo que te gusten las mentiras tanto como a mí. No esperes que diga -por ejemplo- que tu sonrisa ilumina mi camino en las noches de invierno sombrió cuando todo parece perdido...

Seamos quienes somos detrás de tanta exageración, verás entonces que por fin nosotros mismos podemos ser poesía.